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En la versión que llegó al correo Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo., la cadena tenía la fecha 14 de abril de 2020 y aseguraba que lo estaban transmitiendo en ese momento por los noticieros televisivos de Italia.

La Unidad de Datos y Factchecking de Efecto Cocuyo contrastó las informaciones y estudios publicados para encontrar que la información sobre el tratamiento y los medicamentos es engañosa e incompleta, por tanto, falsa.

Lo dicho

Según recogió Redacción Médica el pasado 8 de abril en Italia se realizaron 50 autopsias de personas que habían fallecido por COVID-19 con énfasis en los pulmones por el “interés científico” que supone “estudiar la fisiopatología de las enfermedades”.

Los resultados obtenidos muestran trombosis difusa en todos los niveles y corazón agrandado y concluyen que clásicamente los pacientes de COVID-19 sufren de anosmia (pérdida del olfato) y ageusia (pérdida del gusto) y que “la insuficiencia respiratoria podría ser causada por el daño directo del virus en los núcleos del tronco encefálico”.

Por lo que el estudio no descartó la neumonía.

Así mismo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ya ha descartado que se puedan usar antibióticos porque estos no son efectivos contra los virus. Su sección de Preguntas y Respuestas, para el jueves 16 de abril, señala que aunque algunos remedios caseros podrían presentar confort ante algunos síntomas, no hay tratamiento, cura o terapia para curar el COVID-19 sino que hay diversos cuidados usados según el paciente y que sus síntomas, similares a la influeza, pueden derivar en una neumonía.

Ya el 13 de marzo de 2020 en sus Orientaciones provisionales para el “Manejo clínico de la infección respiratoria aguda grave (IRAG) en caso de sospecha de COVID-19”, que es actualizada para las complicaciones del MERS-CoV, se receta la heparina para una “menor incidencia de tromboembolia venosa” pero ya se recomendaba desde enero, basado en un experimento realizado en China, que se administrara, preferiblemente de bajo peso molecular, para reducir el riesgo de trombosis.

Dato desde Italia

El diario ABC Color de Paraguay consultó el 15 de abril al embajador de ese país en Italia, quien reafirmó que tanto la trombosis como la neumonía se podían presentar en pacientes de COVID-19 y desarrollarse de forma complementaria o por separado. Un paciente podría tener neumonía, trombosis o ambas.

El diplomático explicó que en el hospital Castel San Giovanni de la ciudad de Piacenza se han realizado ya cientos de autopsias, corroborando que hay pacientes que presentaron trombosis, por lo que han agregado el uso de heparina, un conocido anticoagulante pero que eso no implicaba que “la medicina y la ciencia se hayan equivocado” sino que al ser un nuevo virus se hacen nuevos hallazgos.

Resaltó que el tratamiento no ha cambiado sino que se le agregó un protocolo para los casos de trombosis y que los respiradores siguen siendo necesarios, agregando que transmitió estos nuevos hallazgos al gobierno paraguayo que serán además compartidos en una videoconferencia con médicos italianos. “No es una cura milagrosa pero ayuda”, dijo el diplomático.

Conocimiento previo

Esta información es corroborada también por el infectólogo y pediátra Xavier Sáez-Llorens, quien trabaja en el Hospital del Niño de Panamá, según publicó el mismo 15 de abril el diario Panamá América que contrastó la información circulada por redes sociales.

El médico no sólo insistió en que los respiradores son necesarios, sino que esta información no es ni nueva ni se aplica solamente al nuevo COVID-19 sino es algo ampliamente conocido por los galenos porque, como dijo también el diplomático paraguayo, depende de cada paciente.

“Son conceptos que todos los médicos conocemos cuando se desarrolla una infección sistémica (sepsis) por cualquier microbio (virus, bacterias, hongos): primero una fase microbiana, luego una inflamatoria y por último una coagulopatía de consumo (intravascular diseminada) con formación de trombos que obliteran (taponan) vasos sanguíneos, para cada fase se emplea un tratamiento distinto (antimicrobianos, inmunoglobulinas, esteroides, heparina, etc.); además, si la oxigenación está comprometida, la ayuda de oxígeno por cánula o a través de un ventilador mecánico es vital”, publicó Llorens en su Twitter.

Paraguay ya lo hacía

También el hematólogo Alfredo Boccia le dijo algo similar a La Nación de Argentina, detallando que el hallazgo italiano llevó a un nuevo estudio cooperativo con anticoagulantes en Brasil para estudiar esta obstrucción en las venas que podría experimentarse con el COVID-19 con buenos resultados entre seis y 24 horas después de administrar el tratamiento.

El médico explicó que sin ser un tratamiento de fondo, “sirve para combatir una de las complicaciones que tiene la infección, los microtrombos, que son aparentemente la causa del empeoramiento y la muerte de los pacientes que tienen cuadros graves y van a terapia intensiva”.

Boccia insistió en que estos remedios (la heparina) no son nuevos sino que “se usan habitualmente en pacientes que tienen infarto, arritmia o problemas cardiológicos”, añadiendo que ya se aplicaba además en Paraguay.

Sin embargo, el argentino alabó el trabajo de los brasileros, que se realiza en tres hospitales, porque es el estudio más amplio en Latinoamérica y reproduce otro estudio que se hizo en Wuhan, que permitirá averiguar si hay evidencia científica o es una esperanza falsa.

Advirtió que de resultar reales estos métodos podrían aplicarse al 5% de pacientes que requieren terapia intensiva y respirador por su gravedad porque “los métodos habituales de reanimación son bastante decepcionantes en casi todos lados”.

Respuesta venezolana

También el infectólogo venezolano Julio Castro, experto en data médica, se pronunció sobre la información, recalcando que “el fenómeno básico patogénico sigue siendo la infección viral, buena parte de las enfermedades infecciosas severas pueden llegar a una vía común con fallas de otros sistemas incluyendo el de coagulación. Hay evidencia en COVID-19 que es un factor muy importante” para luego agregar que “La ciencia solo avanza con evidencia demostrable, eso implica un formato muy estricto. Los “voices”, “cadenas de WhatsApp o Youtube” , no están en estas listas”.

Ante la pregunta de un colega médico, Castro zanjó diciendo que “muchos esquemas terapéuticos en la historia de la humanidad han tenido plausibilidad biológica o fisiopatología y nunca la evidencia demostró su efectividad”, descartando que el uso de anticoagulantes, aunque parezca tener sentido originalmente, implican que vayan a funcionar, lo que confirma la necesidad de conocer los resultados de estudios específicos.

Fase experimental

Finalmente también la iniciativa de verificación de noticias BoliviaVerifica, parte de la alianza LatamCoronavirus, también consultó a sus facultativos,  recordando que no hay un protocolo uniforme de tratamiento y que va a depender de cada país y evolución del paciente, recordando que todo está en fase de experimentación, incluso el uso de Interferón, hidroxicloroquina y antirretrovirales, que Efecto Cocuyo verificó aún no arrojan ninguna evidencia que revele su funcionamiento con el COVID-19.

Desde el 14 de abril se hacen experimentos multicéntricos en Italia para probar su eficiencia.

Veredicto

No es cierto que el COVID-19 no pueda derivar en una neumonía sino se trata de una trombosis, sino que según su cuadro clínico un paciente puede presentar una o ambas complicaciones con el desarrollo de la enfermedad. Es decir, alguien podría tener neumonía sin trombosis, trombosis sin neumonía o ambas.

Por lo que también es falso que se vaya a disminuir o descartar el uso de respiradores en las unidades de cuidados intensivos.

Los antibióticos no funcionan porque estos atacan infecciones bacterianas pero el SARS-CoV-2 que produce el COVID-19 es un virus.

Así como tampoco se han cambiado los protocolos de tratamiento ni estos son novedosos sino se han usado durante muchos años en distintas infecciones y pacientes cardíacos.

El uso de anticoagulantes, y otros medicamentos, aún están en fase de investigación, sin tener un tratamiento probado que funcione efectivamente



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